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Lost Leaf Publications
A Flor De Piel
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Así, por encima, sin rozar la carne, acariciándola sólo, van estas pobres frases, a flor de piel.
¿Para qué ahondar en las cosas? ¿Para qué meditar demasiado en ellas?
«No hay mayor pesadumbre que la vida consciente», dijo Darío, y hervo, exclama: «Suprímeme, Dios mío, el horror de pensar.»
Entra en el jardín. ¿Lo ves? Sonríe en la gracia encendida de la mañana. Sangran al sol [8] las rosas en los rosales, y las fuentes cantan su eterna canción de oro.
¿Estás maravillado por el encanto milagroso del espectáculo? ¡Pues no preguntes nada! ¡Sonríe con el jardín, sangra con la púrpura ardiente de las rosas, canta con la eterna canción de las fuentes! Y pasa...
Así, por encima, sin rozar la carne, acariciándola sólo, van estas pobres frases, a flor de piel...
[9] Nuestra vida es un divino instante de sueño y amor. Después, ¡quién sabe!...
En la Vida, como en la comedia, hay que bajar muchas veces el telón.
A veces, un vicio fomenta una virtud, como un veneno estimula la vida.
[10] Cuando el hombre superior delinque, lo que la Humanidad castiga en él no es su culpa, sino su superioridad.
La Envidia, para desfogarse, se pone a veces la máscara de la Justicia, y aunque inspirada por el numen del rencor, habla en nombre de la «moral ofendida».
Ni el santo ni el sabio condenan. El sabio, porque comprende, y el santo, porque perdona.
Toda moral que no se inspire en la naturaleza, es absurda.
[11] El Mal no es un propósito: ¡es una fatalidad!
¡Cuán negra es una conciencia desnuda! ¡Qué santo es el aspecto de la Hipocresía!
No hay malvados, sino enfermos o desgraciados.
¡Médicos, no jueces! ¡Sacerdotes, no moralistas!
Si fuéramos justos, de cada cárcel haríamos un hospital.
[12] La maldad humana se castiga, se perdona, o se desprecia, simplemente; pero no se recuerda.
La naturaleza es una; las morales, muchas. Esto indica que, o falta naturaleza, o sobran morales.
Lo triste de la calumnia no es que los canallas la digan, sino que los hombres honrados la oigan.
La afrenta injusta no humilla; sólo mancha el deshonor que se merece.
[13] Cuando escucho a la masa murmurar de sus grandes hombres, pienso en los lacayos cuando murmuran de sus señores.
... ese orgullo de la mujer honrada, que es como el rancio perfume de su honestidad...
¿Pesimista? ¿Optimista? ¡Sincero!
El pecado del hombre es la brutalidad; el de la mujer, la frivolidad.
En amor, no se puede creer a las mujeres ni cuando dicen que no; porque algunas, hasta entonces, mienten.
[14] El Amor es como los manantiales: clara pureza de cristal, arriba; limos cenagosos en el fondo.
El Dolor es como el frío: por donde pasa junta a los hombres.
Las andaderas no enseñan a andar, sino el dolor de las caídas.
En el Arte, como en la Vida, siempre somos hijos de alguien.
Para abarcar las cosas grandes, hay que mirarlas desde lejos.
[15] Contra lo sublime, inventó el diablo lo ridículo; contra lo ridículo, sólo tienen los hombres el desprecio.
Diálogo de examen.
—¿Cómo se llama una casa de juego cuando es clandestina?
—Garito.
—¿Y el que la rige?
—Tahúr.
—¿Y cuando el gobierno la autoriza y la ampara la Ley?
—Entonces el tahúr se llama caballero, y el garito, club, círculo o casino.
¿Para qué ahondar en las cosas? ¿Para qué meditar demasiado en ellas?
«No hay mayor pesadumbre que la vida consciente», dijo Darío, y hervo, exclama: «Suprímeme, Dios mío, el horror de pensar.»
Entra en el jardín. ¿Lo ves? Sonríe en la gracia encendida de la mañana. Sangran al sol [8] las rosas en los rosales, y las fuentes cantan su eterna canción de oro.
¿Estás maravillado por el encanto milagroso del espectáculo? ¡Pues no preguntes nada! ¡Sonríe con el jardín, sangra con la púrpura ardiente de las rosas, canta con la eterna canción de las fuentes! Y pasa...
Así, por encima, sin rozar la carne, acariciándola sólo, van estas pobres frases, a flor de piel...
[9] Nuestra vida es un divino instante de sueño y amor. Después, ¡quién sabe!...
En la Vida, como en la comedia, hay que bajar muchas veces el telón.
A veces, un vicio fomenta una virtud, como un veneno estimula la vida.
[10] Cuando el hombre superior delinque, lo que la Humanidad castiga en él no es su culpa, sino su superioridad.
La Envidia, para desfogarse, se pone a veces la máscara de la Justicia, y aunque inspirada por el numen del rencor, habla en nombre de la «moral ofendida».
Ni el santo ni el sabio condenan. El sabio, porque comprende, y el santo, porque perdona.
Toda moral que no se inspire en la naturaleza, es absurda.
[11] El Mal no es un propósito: ¡es una fatalidad!
¡Cuán negra es una conciencia desnuda! ¡Qué santo es el aspecto de la Hipocresía!
No hay malvados, sino enfermos o desgraciados.
¡Médicos, no jueces! ¡Sacerdotes, no moralistas!
Si fuéramos justos, de cada cárcel haríamos un hospital.
[12] La maldad humana se castiga, se perdona, o se desprecia, simplemente; pero no se recuerda.
La naturaleza es una; las morales, muchas. Esto indica que, o falta naturaleza, o sobran morales.
Lo triste de la calumnia no es que los canallas la digan, sino que los hombres honrados la oigan.
La afrenta injusta no humilla; sólo mancha el deshonor que se merece.
[13] Cuando escucho a la masa murmurar de sus grandes hombres, pienso en los lacayos cuando murmuran de sus señores.
... ese orgullo de la mujer honrada, que es como el rancio perfume de su honestidad...
¿Pesimista? ¿Optimista? ¡Sincero!
El pecado del hombre es la brutalidad; el de la mujer, la frivolidad.
En amor, no se puede creer a las mujeres ni cuando dicen que no; porque algunas, hasta entonces, mienten.
[14] El Amor es como los manantiales: clara pureza de cristal, arriba; limos cenagosos en el fondo.
El Dolor es como el frío: por donde pasa junta a los hombres.
Las andaderas no enseñan a andar, sino el dolor de las caídas.
En el Arte, como en la Vida, siempre somos hijos de alguien.
Para abarcar las cosas grandes, hay que mirarlas desde lejos.
[15] Contra lo sublime, inventó el diablo lo ridículo; contra lo ridículo, sólo tienen los hombres el desprecio.
Diálogo de examen.
—¿Cómo se llama una casa de juego cuando es clandestina?
—Garito.
—¿Y el que la rige?
—Tahúr.
—¿Y cuando el gobierno la autoriza y la ampara la Ley?
—Entonces el tahúr se llama caballero, y el garito, club, círculo o casino.
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